La alquimia eterna, el camino de la unicidad y perfección

El alquimista trabaja en la tierra, no en cielo, con la realidad concreta, y por ello debe conocer los secretos de la materia. Sólo tiene verdadero valor lo que podemos llevar a la práctica.  La mera información, incluso el conocimiento, no producen la transmutación. El verdadero fin de las operaciones de alquimia es la transformación del propio alquimista, su ascenso a un estado de conciencia superior. Los resultados materiales sólo son promesas de un resultado último, que es espiritual.

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